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¿VIVIR O SOBREVIVIR?

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Si alguna vez has perdido el rumbo de tu vida, ésta iba a la deriva, sin rumbo, y luego, por aquel momento de intuición genuina o bien tras un encontronazo con un amigo que hacía tiempo que no veías, o leer aquel viejo libro, conseguiste reconducirla y volver a encontrar tu lugar en el mundo, entonces eres de los que sabes la diferencia entre vivir y sobrevivir.

Según el Diccionario de la Real Academia de Lengua Española, Vivir, puede entenderse como tener vida, o al menos la percepción de que se tiene vida, además de habitar un lugar o un país.

En cambio sobrevivir se define como vivir después de un suceso determinado, o vivir en condiciones adversas.

Estoy seguro de que si tienes mas de 30 años, alguna vez has pasado por momentos de falta de rumbo, o de dificultad, y si bien no has podido reconducirlo, al menos estás en ello. ¿O no?, y en caso negativo ¿Por qué no? ¿tal vez no entendiste las señales que la vida te ponía ante ti? ¿o es que tienes miedo de volver a vivir?

Vivir y dejar de vivir: sobrevivir

Conozco mucha gente que tiene miedo a vivir, pues vivir significa tener los pies los tierra y aceptar todo aquello que siempre te negaste a aceptar: que tus padres siempre te quisieron pese a todo lo que pasó, que nadie quiere hacerte daño realmente, que nada en el planeta en perenne, y que aquel suceso tan doloroso que te cuesta tanto de superar, pues realmente forma parte intrínseca e inseparable de estar vivo y de la vida.

En la vida todo son contrastes: el blanco no seria nada sin el negro, y al revés. Por eso, para poder estar vivo, primero debes sentir que mueres. Y morirás unas cuantas veces a lo largo de esta encarnación. No recuerdo que sabio nombró a cada una de estas muertes en vida “las noches oscuras del alma”. En ellas debes dejar ir una parte de ti, algo que creías como certeza indiscutible y transformarte en otra persona. La persona que entra en la noche oscura, no tiene nada que ver con la que sale. El problema surge cuando atravesamos esas noches con dolor, y además nos aferramos a él. El dolor es pasajero, siempre que se sepa y quiera soltar. No hay nada peor que aferrarse a las experiencias dolorosas y no querer soltarlas. Ahí es justo cuando dejas de vivir, y empiezas a sobrevivir.

Tu corazón ya no late, tan solo bombea sangre. Tu ya no duermes por las noches, solo te acuestas. Ya no sueñas, son todo pesadillas. Tus días no tienen ritmo, tan solo son un encefalograma plano mantenido en el tiempo.

¿Cómo llegué a esta conclusión? Mi experiencia, mi vida

Con casi 17 años tuve una experiencia cercana a la muerte. A los 24, vi morir en mis brazos a un gran amigo. Mi alma se oscureció, y se aferró al dolor. Y así años. Yo no era consciente de aquello, pero mi alma estaba llena de dolor, y no quería soltarlo. En poco tiempo mi cuerpo físico y mi vida personal en general se resintieron. El diagnóstico fue variado: ansiedad, crisis de pánico, insomnio, depresión, sobrepeso, fatiga crónica…pero el problema de base es que mi alma estaba en las sombras, y sin opción de salida. Dejé de vivir. Me polimediqué para no sentir los síntomas, y ahí me quedé.

No hubo un momento de despertar y/o de cambio. Sino que fue un proceso paulatino de despertar que me devolvió a la luz. El proceso duró años. Y sigue vigente, por que tan solo necesitas bajar la guardia un instante para que las sombras y el dolor te vuelvan a envolver.

No sé si estas leyendo estas letras por curiosidad o por que realmente lo necesitas. Si eres del segundo grupo, te voy a dar 1 consejo dividido en 2 partes: busca ayuda profesional y déjate ayudar.

Salir de donde estás: el camino

¿Quién dijo fácil? Salir de las sombras puede ser tan fácil o difícil como tu creas. Yo no sé si opté por el camino fácil o el difícil, o si fui lento o rápido, pero si algún consejo te puedo dar después de pasar por ello es que tengas paciencia, constancia, voluntad y coraje. Paciencia para observar como tu vida cambia poco a poco y no desesperar, constancia para que no abandones, voluntad para que todos los días des un paso más, y coraje para que asumas todos tus errores de percepción. Si, si. Por que si por algo se caracteriza este proceso de salir de las sombras es por darte cuenta de todos los errores que cometiste, y que sigues cometiendo enarbolando la espada de tener la razón. Y créeme, si quieres tener la razón en que no quieres vivir, la tendrás.

El camino: cuidar cuerpo, alimentar el alma y dominar la mente

¿Y como lo hago para salir de éste proceso? Lo primero que debes aprender es que las soluciones deberán venir de 3 lugares diferentes y sincrónicos: tu cuerpo, tu mente y tu alma. Así como cuando el alma está en las sombras, la mente se ve ensombrecida y el cuerpo envejecido, en el momento en el que recuperes el poder álmico, tu mente se despejará y tu cuerpo rejuvenecerá. Y no hay proceso que no albergue las 3. De hechos, los grandes profesionales de la Salud Integrativa sabemos que un paciente tiene posibilidades de curarse cuando se producen cambios en su forma de percibir la vida.

Cuidar el cuerpo puede ser de las 3 tareas la más sencilla, pero no por ello menos importante. Alimentarse de forma saludable, realizar ejercicio de forma regular, darse masajes o tratamiento osteopáticos, aplicarse cremas, darse baños de contraste, dormir las horas necesarias, limpiar el organismo de tóxicos, potenciar tu sistema inmunológico, o tomar baños de sol, suelen ser la línea maestra que utilizamos para recuperar nuestro cuerpo físico.

Cuidar la mente es tal vez algo más complicado. Lo difícil de la mente es aprender como funciona. La mente es como una radio que no para en todo el dia. Pensamiento va, pensamiento viene, y entre pensamiento y pensamiento es donde realmente somos. Y ahí radica la dificultad, en saber que no somos nuestros pensamientos, sino que somos algo más profundo. Si tu mente te dice “no puedo” o “ no vales para nada” y tu te sientes identificado con ese pensamiento, eso es lo que realmente se materializará en tu cuerpo físico y en tu vida. En cambio, si tu mente piensa “mi vida es realmente llena” o “tengo todo lo necesario para disfrutar de una vida plena”, y tu te identificas con ello, eso es lo que realmente se materializará ante tus ojos, y no solo eso, sino que lo irradiarás a tu alrededor.

Por último, el alma, que requiere de un trabajo más profundo si cabe. Identificar en ti emociones como la rabia, la envidia, el miedo, la desesperanza, o el apego material, son la clave del inicio del cambio real. Una vez identificadas, deberás aprender a soltarlas, y ahí es donde radica la dificultad. El alma es como un pequeño recipiente donde has ido colocando experiencias pasadas y la interpretación que hiciste de ella. Si como yo, a los 16 años, rozaste la muerte, tu alma estará llena de miedo. O si cuando eras pequeño no recibiste el apoyo necesario, tu alma puede estar llena de rabia.

Lo mejor del proceso de liberación radica en que esas emociones entraron con dolor, y lo más probable es que salgan con dolor. Por eso las bloqueamos en nuestro interior, para no querer sentirlas. Y es en ese momento cuando tomaste de forma inconsciente la decisión de no volver a querer sentir el dolor. El dolor por aquella persona que se fue, por aquel amor que te rompió el corazón, o por la sensación de abandono que te supuso que tus padres no estuvieran presentes.

Y seguro ahora estarás justificando lo que sientes  en base a lo que te pasó. Y lo que no te das cuenta es que mientras justificas lo que sientes en base a lo que pasó, tu alma permanece cerrada, tanto en sentido de entrada como de salida, y ya no vives, sino que sobrevives. ¿Es realmente lo que quieres?

¿Qué es vivir?

Vivir es un camino de autoconocimiento. Es un camino en el que deberás descubrir que cosas les sientan bien a tu cuerpo, cómo dominar tu mente, y como abrir el alma de par en par para que pueda salir todo lo que llevas dentro.

Y para vivir deberás encontrar un propósito de vida o camino que unifique los 3 campos. Un dia a dia en donde cuidar de tu cuerpo sea una prioridad. Una serie de rutinas que te permitan desacelerar y controlar tu mente. Y una autoreflexión y camino de autoconocimiento profundo y diario.

¿Y como sabré que lo he encontrado? La respuesta es la pasión. Cuando tus días estén llenos de pasión, sabrás que has encontrado tu propósito. Sabrás que hacer en cada momento, pues llevarás a tu corazón de guía, a tu mente que ordenará las acciones, y tu cuerpo que responderá a la primera.

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